Me soñé filtrada entre encaje beige,
mis brazos en un vaivén se iluminan,
bailando con el viento reciclado
que canta en las palomas fugitivas.
La piel besada por rayos de sol
se desvanece en plena somnolencia
de esta, nuestra luna soñadora,
dejando que se encienda su reflejo.
Se hace luz, esperanza en mis ojos,
un brillo que nace al borde del abismo,
quietud que brota donde hubo tormenta,
y en mi pecho guardo la calma eterna.
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