viernes, 18 de abril de 2025

Viernes rojo

En un viernes sonámbulo,

el canto del gallo

encuentra vida en la muerte.


“Hoy estarás conmigo en el paraíso”, dijiste,

pero el cielo es ausente

y no baja ningún ángel.


Desde templos adornados

se predica el perdón,

pero se ignora el suspiro

de almas cansadas,

y el discurso sagrado

se aleja de la compasión.


Demora, Señor,

la hora de los clavos en mi carne,

pues a ti debo ser semejante.


Me enseñaron a amar el sufrimiento,

a ver redención en cada herida.

Dicen que, al sufrir contigo, me parezco.


¿Es mi carne la ofrenda?,

¿es mi culpa el altar?,

¿o solo es una doctrina

que me quiere culpar?


Humano como tú,

que conociste el miedo,

como yo, que tropiezo y dudo

en cada dogma que no abraza.


Hoy contemplo tu cruz,

no con celebración,

sino con temor y respeto.


Porque tu muerte

no fue un espectáculo,

sino una protesta

contra el poder sin alma

y la injusticia.

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