viernes, 18 de abril de 2025

La repetición

 Evoco el viento húmedo

rozando mi piel desnuda,

eco persistente

de sacrificios inocentes

que desgarran

mi frágil cordura.


Atravesada por la suavidad engañosa

de tus caricias seductoras,

me rindo.

Y muero.


Pero en cada muerte,

hay un renacer lento,

doloroso,

como si el ciclo

jamás tuviera fin.


Casi ciega

bajo la tormenta de luz,

vuelvo a encontrar tus ojos:

luminosos,

bellos,

mortales.

Los ojos del verdugo

que no necesita razón

para herirme.


Mi última voluntad

no clama piedad:

mátame por última vez,

sin culpa,

sin amor,

sin piedad.


Déjame saborear

el filo del final,

una vez más,

como quien encuentra en el dolor

su único descanso.

1 comentario:

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