martes, 22 de abril de 2025

Lunes

Donde un día estuvieron mis pasos

las huellas se desvanecen.

El viento borra lo que el alma

aún susurra por no olvidar.


Caminamos sobre instantes

que creí eternos,

pero eran agua entre los dedos,

resplandor que no se deja atrapar.


Las risas que fueron hogar,

los silencios llenos de sentido,

la forma en que el mundo se abría

cuando estabas…

ya no tienen espejo donde reflejarse.


El paisaje persiste,

pero todo cambió.

Como si el tiempo,

en su marcha sutil,

hubiera alterado los colores del día.


Y yo,

yo sigo andando,

sabedora de que esos pasos

no volverán a cruzarse.


El eco duele,

sí,

pero no me arrastra.

A veces, perder

es otra forma de florecer.


Una vez más,

el sendero se extiende

bajo soles que no conozco,

donde aprendo

a caminar

con mi sombra por compañía.

lunes, 21 de abril de 2025

Inmersión

Me quiero sumergir,

entregarme al abismo.

Escuchar lo que susurra el silencio,

lo que alcanza mis oídos desde mi rincón de ignorancia.


Cantos celestiales ondulan en mi interior,

una esencia pura,

la vida revelándose en un idioma íntimo

que sólo yo comprendo.


Mi mente gira, se revuelca,

leo al revés,

como si el mundo hablara

desde el otro lado del espejo.


Me dejo caer al fondo,

sin miedo a lo que hay debajo,

porque aquí,

en lo más hondo,

respiro de otra manera.


Y mientras desciendo,

surgen imágenes de papel,

flotan inmóviles,

como barcos desolados,

rendidos al capricho de la corriente.


Me uno a ellos,

dejándome llevar por una marea

que no busca orilla,

sino la profundidad de lo inexplorado.


El ahogo se vuelve maestro,

en su abrazo,

aprendo a soltar.

Y en lo más profundo,

reconozco los patrones

que me mantuvieron varada.

viernes, 18 de abril de 2025

Resonancia

Inhalo tu presencia,

aunque aún no formas parte de mi existencia.

Eres lo oculto

que mis sentidos siempre reconocieron,

la vibración 

que me llama desde dentro.


Toda mi vida

te he adorado en secreto,

honrando lo que no se puede nombrar.

He buscado tus huellas en la sombra,

tu reflejo

en la materia que aún no transmuta.


Nos reuniremos pronto,

bajo un cielo sin tiempo,

donde el cuerpo queda fuera

y el alma se libera.


Por fin

podré entregar mi esencia

como ofrenda sin nombre,

despojarme de esta cárcel de carne

y fundirme

con lo que siempre he sido:

tú.

Antes de la palabra

El silencio tan anhelado entre el mi y el yo,

ese espacio donde el ser se divide

y comienza a escucharse.


El silencio grita más de lo que yo podría,

porque no necesita forma,

ni permiso.

Expresa lo inexpresado,

lo que habita entre pensamiento y existencia.


En ese intervalo sin ruido

renace lo que no conoce palabra

los miedos sin nombre,

las decisiones que no se tomaron,

las versiones de mí que fui dejando atrás,


pero también

la belleza que no busca sentido,

el amor que no se explica,

la ternura suspendida en lo cotidiano,

la quietud que, a veces,

sin avisar, me habita.


Ahí, donde nada se dice,

todo, sin decirse, se sabe.

Brillo prestado

Un comienzo sesgado por el soplo del sosiego,

la seguridad de un paraíso nunca visto,

el ciego compromiso a la inasible

respuesta perfecta de preguntas incompletas.


La decadencia no llegó de golpe,

fue una caricia lenta

que comenzó a tambalear

los cimientos de la verdad.


Cercanos siempre

a la lejana certidumbre de nuestra naturaleza,

ajenos a su esencia,

nos escudamos con hojalata corroída

envuelta en brillo de falsa plata.

El umbral

 ¿Cuántos sueños cargo sin saberlo?

¿Cuántas respuestas se esconden

en los símbolos que me visitan cada noche?


Los sueños me arrastran

entre ríos turbulentos.

Me hablan con rostros que no recuerdo,

y me observan con ojos que no olvido.


A veces soy héroe,

otras, monstruo,

otras, la vidente silenciosa

que conoce verdades

que aún no comprendo.


Camino por pasillos sin puertas,

donde cada sombra

es una prueba

y cada símbolo,

un espejo.


No temo al abismo,

temo al reflejo

que se forma en su fondo,

una sombra con mi nombre

y un silencio que me reconoce.

La repetición

 Evoco el viento húmedo

rozando mi piel desnuda,

eco persistente

de sacrificios inocentes

que desgarran

mi frágil cordura.


Atravesada por la suavidad engañosa

de tus caricias seductoras,

me rindo.

Y muero.


Pero en cada muerte,

hay un renacer lento,

doloroso,

como si el ciclo

jamás tuviera fin.


Casi ciega

bajo la tormenta de luz,

vuelvo a encontrar tus ojos:

luminosos,

bellos,

mortales.

Los ojos del verdugo

que no necesita razón

para herirme.


Mi última voluntad

no clama piedad:

mátame por última vez,

sin culpa,

sin amor,

sin piedad.


Déjame saborear

el filo del final,

una vez más,

como quien encuentra en el dolor

su único descanso.

Viernes rojo

En un viernes sonámbulo,

el canto del gallo

encuentra vida en la muerte.


“Hoy estarás conmigo en el paraíso”, dijiste,

pero el cielo es ausente

y no baja ningún ángel.


Desde templos adornados

se predica el perdón,

pero se ignora el suspiro

de almas cansadas,

y el discurso sagrado

se aleja de la compasión.


Demora, Señor,

la hora de los clavos en mi carne,

pues a ti debo ser semejante.


Me enseñaron a amar el sufrimiento,

a ver redención en cada herida.

Dicen que, al sufrir contigo, me parezco.


¿Es mi carne la ofrenda?,

¿es mi culpa el altar?,

¿o solo es una doctrina

que me quiere culpar?


Humano como tú,

que conociste el miedo,

como yo, que tropiezo y dudo

en cada dogma que no abraza.


Hoy contemplo tu cruz,

no con celebración,

sino con temor y respeto.


Porque tu muerte

no fue un espectáculo,

sino una protesta

contra el poder sin alma

y la injusticia.

Sin salida

Atrapada por siempre

en este abismo que me nombra,

que me consume.


Los barrotes no son de metal,

son de carne,

de pensamientos,

de un silencio que caduca.


Me arrastro entre escombros de esperanza,

abrazando las mentiras que invento:

una salvación lejana, improbable,

que no llega,

no grita,

que sólo observa.

Llévame

Llévame a un lugar

donde pueda volar,

llorar,

cantar,

sin que la vergüenza

me despoje

del gozo más elemental.


Frente al espejo,

sólo queda

el esbozo de un alma

que ni siquiera

se atreve

a sostenerse en la mirada.


Palabras deshechas,

devoradas

por un mar de cenizas,

dejan apenas el humo

como único testimonio

de su paso.


Y en este espiral

sofocante,

se disuelven

las ilusiones muertas

de un porvenir

que jamás

encontró tierra firme. 

Días sin luz

Como un sol cansado, el día amanece solo para apagarse. La tarde me reclama, la noche se reconoce, y me entrego a su vals, en esa espir...