El silencio tan anhelado entre el mi y el yo,
ese espacio donde el ser se divide
y comienza a escucharse.
El silencio grita más de lo que yo podría,
porque no necesita forma,
ni permiso.
Expresa lo inexpresado,
lo que habita entre pensamiento y existencia.
En ese intervalo sin ruido
renace lo que no conoce palabra
los miedos sin nombre,
las decisiones que no se tomaron,
las versiones de mí que fui dejando atrás,
pero también
la belleza que no busca sentido,
el amor que no se explica,
la ternura suspendida en lo cotidiano,
la quietud que, a veces,
sin avisar, me habita.
Ahí, donde nada se dice,
todo, sin decirse, se sabe.
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