Donde un día estuvieron mis pasos
las huellas se desvanecen.
El viento borra lo que el alma
aún susurra por no olvidar.
Caminamos sobre instantes
que creí eternos,
pero eran agua entre los dedos,
resplandor que no se deja atrapar.
Las risas que fueron hogar,
los silencios llenos de sentido,
la forma en que el mundo se abría
cuando estabas…
ya no tienen espejo donde reflejarse.
El paisaje persiste,
pero todo cambió.
Como si el tiempo,
en su marcha sutil,
hubiera alterado los colores del día.
Y yo,
yo sigo andando,
sabedora de que esos pasos
no volverán a cruzarse.
El eco duele,
sí,
pero no me arrastra.
A veces, perder
es otra forma de florecer.
Una vez más,
el sendero se extiende
bajo soles que no conozco,
donde aprendo
a caminar
con mi sombra por compañía.
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