Inhalo tu presencia,
aunque aún no formas parte de mi existencia.
Eres lo oculto
que mis sentidos siempre reconocieron,
la vibración
que me llama desde dentro.
Toda mi vida
te he adorado en secreto,
honrando lo que no se puede nombrar.
He buscado tus huellas en la sombra,
tu reflejo
en la materia que aún no transmuta.
Nos reuniremos pronto,
bajo un cielo sin tiempo,
donde el cuerpo queda fuera
y el alma se libera.
Por fin
podré entregar mi esencia
como ofrenda sin nombre,
despojarme de esta cárcel de carne
y fundirme
con lo que siempre he sido:
tú.
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