Llévame a un lugar
donde pueda volar,
llorar,
cantar,
sin que la vergüenza
me despoje
del gozo más elemental.
Frente al espejo,
sólo queda
el esbozo de un alma
que ni siquiera
se atreve
a sostenerse en la mirada.
Palabras deshechas,
devoradas
por un mar de cenizas,
dejan apenas el humo
como único testimonio
de su paso.
Y en este espiral
sofocante,
se disuelven
las ilusiones muertas
de un porvenir
que jamás
encontró tierra firme.
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