Me quiero sumergir,
entregarme al abismo.
Escuchar lo que susurra el silencio,
lo que alcanza mis oídos desde mi rincón de ignorancia.
Cantos celestiales ondulan en mi interior,
una esencia pura,
la vida revelándose en un idioma íntimo
que sólo yo comprendo.
Mi mente gira, se revuelca,
leo al revés,
como si el mundo hablara
desde el otro lado del espejo.
Me dejo caer al fondo,
sin miedo a lo que hay debajo,
porque aquí,
en lo más hondo,
respiro de otra manera.
Y mientras desciendo,
surgen imágenes de papel,
flotan inmóviles,
como barcos desolados,
rendidos al capricho de la corriente.
Me uno a ellos,
dejándome llevar por una marea
que no busca orilla,
sino la profundidad de lo inexplorado.
El ahogo se vuelve maestro,
en su abrazo,
aprendo a soltar.
Y en lo más profundo,
reconozco los patrones
que me mantuvieron varada.
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