Un comienzo sesgado por el soplo del sosiego,
la seguridad de un paraíso nunca visto,
el ciego compromiso a la inasible
respuesta perfecta de preguntas incompletas.
La decadencia no llegó de golpe,
fue una caricia lenta
que comenzó a tambalear
los cimientos de la verdad.
Cercanos siempre
a la lejana certidumbre de nuestra naturaleza,
ajenos a su esencia,
nos escudamos con hojalata corroída
envuelta en brillo de falsa plata.
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